No es por pesimista. Tampoco son ganas de consolidar el vaticinio de los especialistas. Mucho menos es un juicio adelantado: es una simple revisión de la evidencia.
Guillermo González Calderoni fue un súperpolicía al que todo mundo alabó. Filas de comandantes y generales “exitosos” hay en los archivos. Recuerde a Jesús Gutiérrez Rebollo.
Y luego, la debacle. Su debacle. Nuestra debacle. No queda títere con cabeza.
La “guerra contra el narco” ha arrojado hasta este momento cientos de policías muertos. Pobres. Sentidos pésames para esas familias, en serio.
Falta saber –y poco a poco se sabrá, consta en la memoria– cuál es la lista de los que, al paso del tiempo, en el contexto de esta “guerra”, se corrompieron.
No es por pesimista. Pero el sexenio avanza y, ya sabemos, cíclicamente padecemos el desencanto.
Lo terrible, lo que se advirtió, lo que Calderón no midió, es que esta vez la gran mayoría (porque son los del encargo) pueden ser militares.
Que el cerebro se me haga chicharrón de sólo pensarlo, pero así es cada seis años. Y estos seis pueden ser los peores.
Otra vez: Que el cerebro se me haga chicharrón.
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