Durante siete años Manuel me vendió varios miles de pesos en mercancía (por ejemplo 100 fascículos de “Historia del Bolero” a $70 c/u si no mal recuerdo) y lo pudo hacer porque era un hombre atento en ambos sentidos: vigilante de su ingreso, sí, pero aún más cuidadoso en tratar a sus clientes como personas.
Después traspasó el puesto y la nueva dueña, lejos de proponerme lecturas (leí a Bakunin porque él me vendió una “Biblioteca de Filosofía Contemporánea” incompleta), desarrolló malos sentidos del humor y la justicia según los cuales era mi obligación tener cambio… o no comprarle a ella; claramente hoy tengo nostalgia de esa librería de lámina y del marchanteamigo que la ocupaba.
1 comentario
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T.T Afortunadamente, yo aún tengo el santuario de Doña Kata, que al parecer será heredado a su hijo.
Un rasgo característico de Doña Kata y así como dices Rodrigo:
(”atento en ambos sentidos: vigilante de su ingreso, sí, pero aún más cuidadoso en tratar a sus clientes como personas.”)
es que Doña Kata tiene el mismo cuidado con los billetes (dinero) que con las estampitas de Panini; ya fuese que te vaya a entregar 1 billete del montón que se guarda en el busto derecho o 1 paquete con 5 estampitas de panini; los frota con una fuerza que suena de una forma muy característica… hasta pareciera que tanto los billetes o las estampitas lloraran. ¿Será porque cuando me atendía yo solo, se se pegaban los paquetitos y de pronto se me venía uno de más?
Y sí, me confiezo, enfermo coleccionista de panini, ya fueran los álbumes del mundial ‘94 ‘98 ‘02; o los de Dragon Ball… y … Dragon Ball Z y Dragon Ball GT – aunque hoy día, después de la lic. no sé donde hayan quedado-.
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