No deje a sus hijos naufragar en el sensacionalismo y la idiotez que ofrece la televisión. Ahora que sus críos deben quedarse en casa, hágale un favor a la humanidad (en especial, al país): Póngalos a leer. Aunque a usted no le guste leer, disponga 30 pesitos y consígase de perdido libros usados cuyos títulos crea usted le resulten más o menos atractivos a su hijo. No le deje, por caridad del creador, las revistas de chismes de encueradas y degenerados que salen en el “carnal de las estrellas”, ni la revista del vaquero que a lo mejor lee su papá.
No le deje tampoco los periódicos como la Alarma o esos que escurren sangre apenas los agarra uno. Es más, no le deje la página de locales a su hijo, en todo caso, que lean la cultural. Y aunque a su chamaco no le guste leer, oblíguelo a hacerlo. Tal vez la (o lo) odie, pero verá que dentro de unos veinte o cincuenta años esta medida impositiva resultará benéfica no nada más para su prole, sino para lo que posiblemente quede como nación mexicana.
2 comentarios
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Leer nos abre al conocimiento, algo que le falta al pais. Tienes razón.
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@Gustavo Villarreal: Muchas gracias, don Gustavo. Más que querer tener la razón, quiero un país al que no le vean la cara tan gacho.
Un abrazo muy fuerte, gracias por comentar.
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