Las empresas han estandarizado la amabilidad. Capacitan a sus empleados de manera que tengan un mismo discurso atiendan a quien atiendan y estén del humor que estén. Por un lado qué bueno que atenúan sus dificultades personales y no lo ven a uno con cara de perro (aunque la mirada no necesariamente tiene que coincidir con las palabras), por otro no soporto que me digan “Que tenga un excelente dÃaâ€. ¿Por qué tan desbordado optimismo? No bastarÃa con desearme un buen dÃa, y aún asà dudarÃa de la sinceridad de sus deseos. Pero la palabra excelente, esa exageración que contamina otros discursos y ya cualquier cosa es de excelencia. Vivimos el desgaste del contenido. La amabilidad no sólo está hecha de palabras. Por cierto, sigo esperando mi excelente dÃa.
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Si bien se nota que el dia de hoy es un lunes, con todo lo que conlleva, y que al parecer el humor se encuentra gris y desanimado, debo admitir que esa falsa actitud de servicio tambien me molesta a veces, porque sin importar lo que digan ciertos empleados muchas veces sabemos que detras de esos aparentes buenos deseos, se encuentra un motivo vacio, otra persona desesperada o en su defecto una reveranda mentada de madre.
Yo por mi parte prefiero la sinceridad acompañada de un buen .Votos a este comentario: 0
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Y agrego que en donde hace crisis eso de la amablidad de plástico es en los hoteles grandeds, los de cadena. Ahà se puede mentarle la madre a la gente de la recepción o del bar…..y siempre dirán, con una sonrisota fingida, : “gracias, señor, para servirle, señor”. Los aborrezco.
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