Así es la cosa, señores: todo lo que empieza en esta Tierra algún día tiene que acabar. Me gusta pensar en lo que hice durante el año que se me quema entre los dedos, horas antes de atragantarme de uvas (saben buenas con sidra, se pasan más rápido y como quiera no se cumple gran cosa) y sonreírle a la intención –cocowash- que me hago de empezar de cero a mis 26 y tratar de empujarme para ser feliz a pesar de todos los pesares.
Creo que este 2008 me ha dejado más cosas buenas que malas. Me siento feliz por estar realizando las cosas que más amo. Es cierto, uno siempre deja cierto saldo negativo en su cuenta anual. Pero por esta vez creo que bien lo puedo omitir y dar gracias por lo que me sucedió.
Aprendí que las personas no son lo que parecen y que tampoco parecen lo que son. Que siempre habrá alguien que te ilumine para levantarte de la cama que te ve tendida doce horas de depresión continua. Que las cosas malas pasan y se deben ir, y que las buenas también pasan, pero se deben quedar en ti. Y que una risa siempre aligera el paso por este lugar al que le llamamos espacio de vida.
No tengo nada especial qué pedir. Acaso que lo que me hace feliz se mantenga y que pueda dar algo de mí para retribuirlo.
Sin embargo, sí quiero pedir, una vez más, que la gente recupere su fe en el amor y que mi país esté más en paz en este 2009. Que la violencia termine. Por el amor de Dios, ¿es que nadie entiende que matar, secuestrar o torturar es indigno de un ser humano? Que no nos robemos los unos a los otros. Y no hablo por los políticos y los rateros (que son uno solo, casi creo). Hablo por todos. Todos hemos robado algo a alguien alguna vez. Puede ser un sueño, una meta, un ideal. ¿Quién dijo que robar era sólo en el aspecto material?
El 2009 se nos muestra, ante todo, como una serie de días concatenados hasta cumplir 365, divididos en doce meses. Lo demás es incierto. Dicen por ahí que cada quien maneja su realidad. Yo por eso quiero pedirles a quienes me lean que por favor dejemos de enfatizar en las caóticas noticias amarillistas y nos enfoquemos a solucionar el verdadero caos existencial: la falta de valores y de respeto hacia uno mismo y hacia la vida y el derecho a vivirla con dignidad que tienen también los demás. No somos sujetos que vivamos de la caridad. Somos seres humanos. La caridad es también respetar la dignidad.
Muchas gracias a quienes han hecho posible que mis comentarios aparezcan en este espacio virtual. Y muchas más gracias a quienes se han tomado la molestia en opinarme, ya sea a favor o en contra.
Las frases trilladas, si uno se quita de tabúes y le escarba bien, en su momento tuvieron una profundidad tan inaudita que por ello causaron conmoción y se volvieron del dominio público, aunque superficial. Así que el desearles un feliz año 2009 y que todos sus deseos se vuelvan realidad, no es tan trillado para mí en este momento después de todo. Y por lo tanto, lo haré:
FELIZ AÑO 2009. QUE LA PAZ, LA PROSPERIDAD Y LA ALEGRÍA LOS ENVUELVA A CADA UNO DE USTEDES. Y QUE SUS DESEOS SE VUELVAN REALIDAD.
Textos anteriores de Marlén Carrillo Hernández-Ferman


¿Qué puedo hacer?