Mi generación

Alejandro Páez Varela

Periodista. Subdirector de El Despertador, empresa que edita Día Siete y Energía Hoy; cofundador de Unafuente.com y de la consultora de medios Versalitas SC. Escribe en Newsweek en Español y en otras revistas mexicanas. Recientemente publicó Paracaídas que no abre (Almadía, 2008); ha participado en los libros Los Amos de México (Planeta, 2007); Los Suspirantes (Planeta, 2005) y Camas Separadas (Cal y Arena, 2005). Su trabajo periodístico y de autor se puede encontrar en www.alejandropaez.net

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¿Qué cree usted que suceda a los mexicanos ejemplo de la impunidad?

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Me siento en la barra de un bar y cuando ya hay bastantes copas como para entrar en confianza, el vecino me dice, después de un intercambio breve: “Qué meses, ¿no cree? ¿No siente que el mal humor y el desgano nos tiene atrapados?” Otro día una hermanita me acaricia el cabello y me responde: “No, hombre, no eres el único. Así andamos todos”. Me siento a comer y mi amigo de diario no habla. No le pregunto: asumo lo que ya sé. Veo los noticieros, camino por la calle, me subo al taxi, leo el periódico. Algo pasa, pienso, en este país. Los bares y los antros, llenos; cualquier oportunidad es buena para los tragos. Nadie cree en las reformas prometidas. Nadie compra la idea de que el gobierno “ahora sí” es honesto. ¡A quién le importa que ganen o pierdan su guerra!; mejor que Estado y narcos nos dejen en paz y detengan la masacre. Los jodidos son siempre los mismos: 40 millones o más; y los jodidos ganones que lucran con ellos son los de siempre, también: ahora se llaman Marthas Sahagunes, parece.

Contados son los que le exigen a los políticos que hagan su trabajo, pues. El país quedó en manos de los malos, malos: las Elba Esther, los Manlios Fabio, los Romero Deschamps y los Yunques; los curas cochinotes, los Bribiesca y cerdos afines, los inútiles Felipes, los Fox.

Me arropo en el departamento. Me cubro hasta la cara. ¡Ja! Mejor me salgo a caminar.

Hipnotizado, voy directo a la barra del mismo bar y el mismo parroquiano platicador se acerca. Le mando un dardo con los ojos para que se aleje. No quiero hablar. Me tomo varias rondas y de regreso pienso: ¡Cómo será maltratada mi generación por la historia! Por creernos el chiste de la democracia nos quedamos atrapados, esperando, fritos, paralizados.

Ahora sólo nos queda confiar en que un partido de futbol, unos tragos, una noche de entrepiernas o cualquier otra cosa nos saque, aunque sea por un rato, de la atrofia y la vergüenza.

BLOG del autor: alejandropaez.net

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4 comentarios

  1. Javier agrega este comentario | Permalink

    Quizás, querido blogger, el desgano viene porque le damos demasiada importancia a estos personajes, creyendo que ellos realmente determinan el rumbo de nuestras vidas, como si fueran los capitanes del barco de nuestro destino.
    A lo mejor estamos demasiado acostumbrados a creer que el orden de las cosas, porque así nos lo han hecho creer desde siempre, proviene de esas esferas, pero ¿realmente es así?.
    A lo mejor la atrofia está en no reconocer, con otro tipo novedoso de inteligencia, que la realidad está en esa noche de entrepiernas, en el cuerpo ajeno y maravilloso, en los amigos futboleros, en la charla del bar… y los destinos de estos personajes son el verdadero y frívolo accesorio de nuestras vidas, al que les damos el lugar que realmente NO les corresponde, por más promesas de reformas que hagan (¿promesas de qué reformas, de las de nuestra existencia?).
    ¿A poco tienen el poder de hacerle los cambios al país como para que le encontremos el sentido a la vida?.
    Ánimo y… ¡salud!.

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  2. Miguel Ángel agrega este comentario | Permalink

    No, no son los “capitanes” de nuestros destinos y no deberían desmejorárnos el ánimo. Sin embargo, tienen capacidad para modificar, de poco en poco, el runrun de la máquina, el rumbo de toda esta estructura que sostenemos y sobrevivimos, porque a la larga los designios estúpidos de esa gentuza que administra el Estado, tarde que temprano nos alcanzan.
    Sean IETUS, más impuestos, menos erario para el bienestar público, poca despensa en la cocina, epidemia de desempleo… Nadie más que ellos han desencadenado el monstruoso Catoblepas que no queremos ser.

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  3. Julián Téllez agrega este comentario | Permalink

    Impresionante que unas cuantas lineas resuman el animo de tanta gente, desgraciadamente es cierto, esa apatia y desgano imperantes que buscan una salida facil por medio de una ficcion maltrecha son resultantes de vivir en un pais donde millones de personas somos rehenes y chivos expiatorios de unos cuantos individuos que juegan con el destino del pais a su antojo, decidiendo sobre nuestras vidas envileciendo nuestra nacion y mermando y desgastando cada vez mas el supuesto futuro.

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  4. María Magdalena agrega este comentario | Permalink

    Uuuyy… y yo que pensé que sería la única llorona en este valle de lágrimas…

    Lo peor, es que TODO lo que dices es absolutamente cierto. A todos nos lleva el tren en ratos. Lo único que nos salva es la evasión del mexicano. A tí te da por ir a caminar hacia el bar. A otros, nos da por hacernos guajes. Y todos tenemos momentos de lucidez: ahí es cuando nacen las cosas bellas de la vida, que aunque efímeras, nos hacen pensar que de verdad esto va a cambiar.

    Si piensas que eres el único maltratado por tu generación, pues te has equivocado: habemos otros atrás tuyo que te pisamos los talones. Y la culpa no es tuya ni de nosotros, sino del imbécil que pensó que se podría ajustar un sistema democrático en un país que no sabía ni para dónde darle; es la culpa del estúpido que no se esperó a ver que en el país donde tomaba como referencia su postulado democrático era el peor escenario para desarrollar tal falacia.

    Y a ver, qué le hacemos…mejor cantamos Ayyyy no hay qué llorar, que la vida es un carnaval… (ajá).

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