Recordar es, finalmente, conservar en la memoria y traer a la imaginación sensaciones y sentimientos. Luego, y aunque sea una lástima no mostrar imágenes de lo que Íñigo hizo esta tarde, saber que nos arrastramos juntos bajo un pino porque estábamos “perdidos” y que él “me enseñó” a salir de entre las frondas vale mucho más, para mí y de modo egoísta, que el sinnúmero de álbumes con que pudiera documentar la experiencia para “compartirla” con otros
Nos acordaremos cuando él haya crecido. O no, pero claramente esa fotografía que no tengo tampoco hubiera garantizado que lo hiciéramos. Y en cambio el raspón del codo me hace sonreír porque es de cuando fuimos cocodrilos y se me subió a la espalda
Textos anteriores de Rodrigo Bazán


¿Qué puedo hacer?