Fui a la “capirucha” a recibir el Premio Nacional de Periodismo 2008 e iba con bastante miedo. No sabía con qué me iba topar. Por mi embolia y azares de mi cerebro no tenía nada registrado en mi memoria de esa ciudad monstruosa y bella. Confieso que estuve en el DF unas cuatro veces antes de que me descuajeringara. Hoy fue la quinta (la quinta es la vencida)… Entonces a las cuatro de la mañana, abandoné el cuarto del hotel, a mi mujer bellísima durmiendo y tomé un taxi. Le doy instrucciones al chofer: “Lléveme a conocer la ciudad de México hasta donde me alcance por 300 pesos. El taxista, una encarnación de Eulalio González “El Piporro”, con gusto acepta su papel de guía de turistas.
Me mostró la ciudad durmiendo; una ciudad bruja, una ciudad bella. Sus calles raras y enormes, angostas y traviesas que se descubren taciturnas respirando, durmiendo. Hay mínimo tráfico. Uno que otro trasnochador. Veo sus espacios, sus casas, sus palacios y sus casonas, y voy imaginando mil millones de historias de tanta pinche gente que está en el quinto sueño. “El Piporro”, taxista también, está entusiasmado hablándome y contándome historias de su ciudad perdida. Me llevó por muchas partes: Paseo de la Reforma, Coyoacán y sus hermosas callejuelas (le dije que me enseñara la casa del Indio Fernández).
Pasó por el bravo barrio de Tepito que parecía un bebé, por Perralvillo, la colonia Roma, la Condesa, el Ajusco. Fuimos y analizamos la Plaza de las Tres Culturas; me enseñó los fantasmas de la matanza y del famoso temblor y terminan mis 300 pesos en el Zócalo, en el mero Palacio Nacional. De regreso al hotel, después de dos horas de un ilustrativo viaje, veo que el taxista está más complacido que yo. Por 300 pesos recibí un intenso diplomado de la verdadera historia de México y sus hombres desalmados y amados. Subo a mi habitación del piso 19, abro la puerta, mi esposa entre azul y buenos días se despierta, me dice: “¿Dónde andabas, ya te tomaste tus pastillas? A eso fui, le dije y se vuelve a dormir…
1 comentario
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Muchas felicidades!
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